Quizás la diferencia más importante entre ambos bloques radicó en la tendencia de la “coalición del PLN dominante” (dominante hasta finales de la década de los ochenta, después de haberse sobrepuesto de la sonora derrota de 1978), a emprender una ruta industrializadora y modernizadora, mediante el uso de la maquinaria del Estado; mientras que en la otra “coalición” (que seguiremos denominando convencionalmente como “opositora” por no haber sido homogénea durante el periodo), predominó un uso más comedido de la maquinaria estatal. Estas pautas ideológicas y políticas (cuyas raíces creemos haber dejado explicadas en la anterior entrega), tuvieron repercusiones en la economía, en lo social, en la cultura y en la manera como se conformó la ideología política en ambas coaliciones dominantes de fuerzas.

Hay que advertir que, el desarrollo del Estado interventor comenzó siendo una herramienta para promover la eficiencia (idea muy enraizada en los jóvenes del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales y en el propio José Figueres Ferrer), con el objeto de conseguir: a) un “Estado social de derecho” b) diversificación y tecnificación económica, c) la industrialización que sobrevendría como consecuencia de sustituir las importaciones en lo fundamental provenientes de Estados Unidos y de los países europeos y, d) impulsar mediante el crecimiento del Estado, el desarrollo social, procurando la movilidad de los sectores subalternos de la sociedad.

En contraposición, el uso de esta herramienta terminó convirtiéndose en un fin en sí misma, tras haber creado una maquinaria cada vez más grande, lenta y dispendiosa, auspiciadora de una multiplicidad de instituciones estatales con duplicidades entre ellas, propiciadora de más burocracia en el Estado, con una alta descoordinación primero (un verdadero archipiélago institucional) lo que, en lugar de resolverse a la altura de 1968, cuando aprobaron la ley del 4/3 y poco después la ley de las presidencias ejecutivas, no logró impedir la creciente y exacerbada centralización política. Por añadidura, las llamadas “industrias de integración”, en lugar de haberse convertido en un auténtico motor para desarrollar la industria nacional y lograr así independencia de su anclaje tradicional en la economía internacional (en especial la de los Estados Unidos), se convirtieron en movilizadoras del capital transnacional que subordinó al capital nacional, colándose por medio de los portillos dejados por el Tratado de Integración Económica Centroamericano que dio pábulo al “Mercado Común Centroamericano”, en el cual se plasmó la figura de las “Industrias de Integración.” (El “Tratado” entró en vigor para Costa Rica, el 23 de setiembre de 1963. Cfr. https://www.comex.go.cr).

Que yo sepa, en Costa Rica fue principalmente el político y expresidente Daniel Oduber Quirós, quien elaboró una versión vernácula de la teoría del “Estado empresario”, como una forma de enfrentar al capital extranjero. Desde el año de 1959 se comienzan a elaborar proyectos de ley para ser presentados ante la Asamblea Legislativa, con el objeto de promover el desarrollo económico, la industrialización sustitutiva de importaciones e impulsar acciones que le estaban vedadas a la empresa privada nacional, principalmente debido a su escaso potencial en términos de su capital. Fue así como por fin nace la Corporación Costarricense de Desarrollo (CODESA), la cual cuaja como una empresa mixta de capital privado y público, aunque se concibió de manera que la mayoría de las acciones las tuviese el Estado. CODESA se crea entonces, mediante la ley número 5122 del 16 de noviembre de 1972, con un capital inicial de 100 millones de colones, principiando sus labores en los primeros meses de 1973, durante la tercera y última administración de José Figueres Ferrer. (Cfr. archivonacional.go.cr).

El desarrollo más importante de CODESA se produce en la administración Oduber Quirós, durante la cual se crearon o pasaron a formar parte de CODESA, más de 27 empresas de mucho calado (todas de sociedad anónima, como lo ordenara la ley), tales como: “Cementos del Pacífico (CEMPASA), Aluminios Nacionales (ALUNASA), Central Azucarera del Tempisque (CATSA), Algodones de Costa Rica (ALCORSA), Transportes Metropolitanos (TRANSMESA), Ferrocarriles de Costa Rica (FECOSA), Tempisque Ferry Boat, Cementos del Valle (CENVASA), y la Bolsa Nacional de Valores.” (Ibidem). Se dinamizó el mercado de capitales, se crearon empleos movilizando mano de obra, se le dio un fuerte impulso al sector agrícola mediante la tecnología, produciendo mayor valor agregado; se produjeron inversiones en el sector privado, mientras tanto en lo público, se dinamizaron ramas de producción industrial como en la minería, en el sector agropecuario, financiero, en los transportes, en la pesca y en el mercadeo y los servicios. (Ibid). No obstante, en muy corto tiempo muchas de las empresas de CODESA comenzaron a experimentar serias dificultades, merced a malos manejos (en muchos ocasiones fueron denunciados casos de corrupción en la administración), a lo anterior se sumó una fuerte crisis en las finanzas públicas; se experimentó un creciente déficit fiscal y la deuda política, y como si lo anterior fuera poco, se desató al final de la década de los años setenta, un verdadero ciclón económico y financiero a nivel internacional.

Me resta agregar que, por lo general la “coalición opositora” solía gobernar con mayor austeridad, pero con menor desarrollo social. Allí estuvo centrada una gran parte de la discusión político-ideológica entre ambos bloques. No obstante, ninguno de los dos consiguió evitar que se produjera una vasta centralización política, y una concentración de los ingresos, que poco a poco fue minando el progreso y los beneficios que se habían alcanzado en los sectores subalternos de la sociedad. Tanto la educación como la salud pública, la energía, las telecomunicaciones (ICE), y otros servicios, habían sido un ariete para el desarrollo social, especialmente en las primeras cuatro décadas de la segunda mitad del siglo XX: cincuenta, sesenta, setenta y ochenta. Empero, algunas de ellas sufrieron mengua, principalmente debido al enjambre burocrático administrativo en la arena de lo público, la corrupción que se instaló en buena parte de las cúpulas de ambos bloques y que poco a poco fue carcomiendo la maquinaria administrativa y política; la masificación tanto de la educación como de la salud acarreó un verdadero desafío para la gobernabilidad, para lo cual, en términos generales, no hubo una respuesta adecuada.

2- El segundo subperiodo que veo, inicia precisamente en 1978, con el triunfo de la coalición socialcristiana, bajo el liderazgo (antes mencionado) del expresidente Rodrigo Carazo Odio. La ruptura de la continuidad, respecto del estilo de desarrollo dominante anterior, en mi concepto estuvo dada por los siguientes hechos:

a- Se produjo el triunfo más contundente históricamente sobre el PLN en las elecciones para presidente y vicepresidentes, tras haber alcanzado la fórmula encabezada por Rodrigo Carazo, un porcentaje de 50.51% (habiendo perdido frente al PLN, únicamente en la provincia de Cartago); mientras que su principal contendor, Luis Alberto Monge, logró un 43.83%.

b- También se dio una ruptura de la hegemonía indiscutida del PLN en el poder legislativo. La Coalición Unidad obtuvo para la asamblea legislativa un porcentaje de 43. 41%, lo que le permitió elegir 27 diputados. El PLN obtuvo el porcentaje más bajo en su historia (hasta ese momento) en la papeleta de diputados, ya que logró apenas un 38.86%, eligiendo 25 diputados.

c- Hubo un decisivo avance de la nueva coalición triunfante en los poderes locales. La Coalición Unidad obtuvo en el conjunto de la votación para regidores un 44.62%, frente a su contendor que alcanzó un 40% en el total nacional. Sería la primera vez en la historia, desde 1953, que un partido político, diferente a Liberación Nacional, se alzaba con el triunfo político-electoral en la mayoría de los cantones, tanto en la elección de regidores como de síndicos. La Coalición Unidad obtuvo 228 escaños para síndico, lo que representó un porcentaje del 55% respecto del total. El PLN solo alcanzó 180 síndicos, para un 44%.

Este subperiodo tuvo la importancia de preconizar tendencias rupturistas en estilos de desarrollo y cambios en la conformación ideológico-política de los bloques dominantes, más que consolidar un nuevo estilo. De momento, las muchas posibilidades que abrió el triunfo de la “Coalición de la Unidad Social Cristiana”, encabezada por Rodrigo Carazo Odio se esfumaron rápidamente ante la monumental crisis de la economía internacional en curso de globalización. Esta crisis, magna en su dimensión cayó encima de la frágil estructura económica nacional, ya preñada de un déficit fiscal creciente, una estructura tributaria injusta por su regresividad y una base jurídico-administrativa insuficientemente preparada para responder con agilidad frente a las amenazas que se presentaron. Quizás el ejemplo más claro de ello, pero no el único, fue la imposibilidad del poder ejecutivo para defender las exportaciones y reaccionar con prontitud para promover la devaluación monetaria. Esta era una atribución de la Asamblea Legislativa en lugar del Banco Central como ocurre hoy. Si bien el Banco Central mantiene independencia respecto del ejecutivo, puede moverse, como se ha demostrado, con mucha más agilidad que el órgano legislativo, por la mayor influencia de la confrontación política de la que este último poder es objeto. Por todas estas razones, y porque el nuevo bloque en el poder se erosionó y fraccionó rápidamente, este subperiodo tuvo una duración, en mi valoración, de apenas cuatro años. (Continuaré en la próxima entrega).