Valga la ocasión para aclarar, aunque sea de manera muy breve de qué estamos hablando.

La ESS es un conjunto de prácticas muy heterogéneas en lo que respecta a las actividades que abarca, las dimensiones y motivaciones empresariales y en lo que corresponde a las configuraciones organizativas (formales o informales).

Estamos hablando de iniciativas que surgen de personas y contextos muy diversos y que comparten tres grandes características: i) dan prioridad a la satisfacción de necesidades humanas por encima del lucro (sin que por ello sean anti-mercado), ii) gestionan la actividad económica de manera democrática (no hay "empleados y patrones", sino, "socios y colaboradores") y iii) actúan con responsabilidad social y ambiental (y rindiendo cuentas por esta responsabilidad).

Por tanto, estamos hablando de cooperativas de trabajo y otras empresas de propiedad colectiva, empresas de inserción, tiendas de Comercio Justo, cooperativas de consumo agroecológicas, asociaciones locales de comercialización y otras experiencias articuladas alrededor del consumo responsable (otro de sus principios); además de proyectos financieros y de banca ética, redes de intercambio, monedas sociales, creación de bienes comunes, experiencias de cultura libre y de trabajo colaborativo, asociaciones y fundaciones que gestionan servicios sociales de forma participativa, huertos comunitarios, y un largo etcétera.

Se trata de prácticas que a veces son individuales, aunque mayoritariamente son colectivas. Algunas están poco formalizadas (como puede ser una red de intercambio de conocimientos) mientras que otras lo están mucho más (normalmente, como grupo empresarial cooperativo).

Muchas de estas iniciativas se articulan en redes, las cuales hoy en día existen en muchos países, incluida Costa Rica.

Estas redes son heterogéneas y actúan como una herramienta básica para constituirse en actores fundamentales en la construcción y expresión de ese amplio movimiento que es la Economía Social y Solidaria. Actores con capacidad de transformar la realidad desde los distintos espacios en que se desenvuelven, así como para construir alternativas económicas reales que den respuesta a las necesidades de las personas para vivir una vida digna y potenciar sus capacidades individuales y sociales.

Quizás esta vocación de transformación incomode y preocupe a los poderes económicos dominantes, pero en gran medida, ha sido la propia crisis económica la que ha abierto una ventana de oportunidad (y necesidad) para construir un mundo basado en unas relaciones económicas de cooperación, sostenibilidad, justicia y democracia. Esto es la Economía Social y Solidaria.

Economista y diputado del Partido Acción Ciudadana.
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