Para, por un lado, no pagar impuestos como deberían hacerlo; y por otro, para impedir que se les anulen los odiosos privilegios que tienen para evadir, eludir y demorar sus obligaciones fiscales.

Como resultado de estos bloqueos, se han asegurado una posición que les permite quedar al margen de toda reforma tributaria, a la vez que todos los años se llevan para la casa, en impuestos no pagados, entre el 4 y 8 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y si por milagro los atrapan, no van a la cárcel, sino que reciben una amnistía fiscal.

Son estos bloqueos empresariales, que en las últimas décadas han profundizado la desigualdad e impedido el libre tránsito a una mejor distribución de la riqueza, los que hoy, más que nunca, urge levantar.