Joe Biden saluda a la multitud, el sábado en Wilmington (Delaware) junta a la vicepresidenta electa Kamala Harris. ANDREW HARNIK / POOL / EFE 

Por María Antonia Sánchez-Vallejo

Wilmington (Delaware). – Incluso lanzó la propuesta de una cooperación bipartidista en el Congreso, para abordar la tarea más perentoria de su incipiente mandato, la crisis de la covid-19. “Es el momento de sanar a Estados Unidos”, reiteró, un propósito que sonó aún más ambicioso pues va más allá de la pandemia, a restañar la fractura provocada por el desordenado ejercicio del poder de Donald Trump y ahora su mal perder. “Es hora de derrotar la desesperanza”, apuntó, para lo que emplazó a sus conciudadanos a unirse a él y decidir si quieren cooperar en vez de pelear. “El mandato popular que hemos recibido es el de la cooperación entre partidos”, recordó, al tiempo que ponderaba los 74 millones de votos recibidos, el mayor apoyo a un presidente en las urnas en la historia del país.

Entre los sobrados méritos de Biden no destaca precisamente la excelencia oratoria (sus balbuceos son perceptibles, fruto sin duda del cansancio o la edad), ni un arrollador carisma como el de Barack Obama; tampoco la energía expansiva de su número dos, la vicepresidenta Kamala Harris. Pero hoy no le hizo falta tal despliegue: le bastó con proyectar solvencia, y un par de ideas claras y sencillas a modo de hoja de ruta, como la lucha contra el coronavirus y la necesidad imperiosa de unir a un país más desgarrado, en todos los sentidos, que nunca.

La gestión de la pandemia empezará, dijo, por la creación de una célula de crisis “formada por científicos líderes y expertos” que se formará este mismo lunes y empezará a operar “el próximo 20 de enero”, el día en que el político demócrata deberá tomar posesión como 46º presidente de Estados Unidos. “Nuestro trabajo empieza poniendo la covid-19 bajo control, no nos vamos a ahorrar ningún esfuerzo en ello”, subrayó. Recordar a las más de 236.000 víctimas mortales de la enfermedad en el país le llevó a empatizar con el dolor de sus familias, él, que sabe tan bien lo que supone perder a un hijo -ha enterrado a dos-, mediante una mención especial a su idolatrado hijo Beau que también hizo suya la vicepresidenta in pectore, durante su discurso introductorio a Biden.

Afrontar el desafío del cambio climático y la desigualdad socioeconómica provocada por el “racismo sistémico” fueron otros anuncios ya conocidos de su discurso, con un recordatorio especial del apoyo recibido por parte de la comunidad afroamericana, muy patente en la localidad donde reside y con la que mantiene estrechos lazos. No en balde, como recordó Harris, Biden ha elegido a la primera vicepresidenta negra de la historia, tras haber trabajado durante ocho años con el único presidente negro de Estados Unidos, Barack Obama.

El veterano político demócrata -el segundo presidente católico del país; el decimoquinto vicepresidente que superó su marca llegando a la presidencia- repitió gran parte del contenido de los mensajes de concordia y reconciliación pronunciados estos días, como que no gobernará como un político de un partido, “sino para todos los americanos”. “Voy a trabajar tan duro por aquellos que no me votaron como por los que lo hicieron, porque es hora de poner fin a la demonización [del contrario], la gente quiere que demócratas y republicanos unan fuerzas”. Su discurso es una mano tendida a Donald Trump para facilitar el traspaso de poder y un guiño a los votantes del republicano, cuyo malestar dijo entender, “porque yo también he perdido un par de elecciones, pero ahora debemos darnos una oportunidad y apartar la dura retórica”.

Esperanza, verdad, unidad, empatía, ciencia, verdad: unas cuantas palabras que sonaron a conjuros, muy sencillas, y que marcan la perfecta línea divisoria con respecto a su predecesor. También fueron los conceptos más repetidos en el discurso de la vicepresidenta electa, que precedió a Biden en el escenario vestida de blanco como una sufragista y citando para empezar al difunto líder de los derechos civiles John Lewis: “La democracia no es un estado, es un acto”. “No podemos darla por garantizada, hay que pelear por ella, exige esfuerzo y lucha”, dijo. “Seré la primera mujer en este puesto, pero no la última, muchas niñas verán hoy que es posible, que esta es la tierra de las posibilidades si se sueña con ambición y se lidera con convicción”, dijo una Harris más enérgica y carismática que su jefe, para quien pretende ser “como fue Joe para con Obama, una colaboradora leal, una trabajadora dura y fuerte”. “El camino no va a ser fácil pero América está preparada, igual que lo estamos Joe y yo”.

Algo empañada por el formato elegido para su comparecencia, ante una audiencia de varios centenares de invitados -una mayoría ilusionante de jóvenes, incluso adolescentes; numerosas familias- en sus automóviles en un desangelado aparcamiento de Wilmington, la presentación oficial de Biden como presidente electo estuvo marcada por un despliegue de seguridad imponente, que selló los accesos al recinto varias horas antes del acto.

Muchos simpatizantes se quedaron a las puertas, como Said, un agente inmobiliario llegado ex profeso desde Filadelfia para celebrar la victoria de Biden. “Estos cuatro años con Trump me he sentido en peligro, solo porque soy de origen inmigrante y mis padres han nacido en otro país. Pero yo soy de aquí, como él, aunque para él era un ciudadano de segunda. Estoy aquí porque Biden es una persona, un ser humano que me ve como un igual y que de verdad va a regenerar el país”.

Pese a la tromba de decibelios que salían del escenario donde se presentaron ante el mundo Biden y Harris, Said solo pudo seguir su discurso por la radio del coche. Luego, entre las tradicionales escenas familiares que el tándem Biden-Harris instrumentaron sobre el estrado, con la incorporación de sus respectivos parientes, el estruendo de los fuegos artificiales, entre ellos un diorama que marcaba el número 46 de la nueva presidencia, puso fin a una noche crucial para reiniciar EE UU en la que el fuego fugaz de la pirotecnia fue la única figura retórica invitada.