El doctor Jorge A. Chaves Ortiz, es Sacerdote, docente, economista, Director del Centro Dominico de Investigación - CEDI)

2. Varios son los interrogantes que provoca esta afirmación. El primero es ¿a qué valores “cristianos” se refiere?, porque en Costa Rica, como en muchas otras sociedades pluralistas, no hay una única Iglesia que se considere “cristiana”, sino un buen número de ellas con enseñanzas diversas, tanto de fe como de moral. También dentro de cada una, sobre todo en las denominadas “iglesias históricas” (protestantes salidas de la Reforma del siglo XVI) existen diversas tendencias con variados énfasis y prioridades, sobre todo a nivel de la práctica.

Mientras grupos más conservadores enfatizan más como valores a los ejercicios de alabanza ritual y de comportamiento sexual conforme a sus tradiciones propias, otros, más bien, apuntan a identificarse como cristianos en la medida en que ven en la figura histórica de Jesús de Nazaret y en su acción comprometida, un modelo de amor, traducido en servicio, solidaridad, lucha por la justicia y la equidad y contra cualquier forma de discriminación. ¿A la luz de cuál de estas interpretaciones cristianas quieren los integrantes del ESM hacer una “revisión integral de los programas educativos” del país?

3. Adicionalmente, parece altamente discutible considerar como legítimo, conforme al presente orden constitucional, el intento de definir todos los contenidos de programas de la educación pública (en ciencias exactas y naturales, ciencias sociales, artes, ciencias de la información y de la comunicación…) solo conforme a la perspectiva de una Iglesia o grupo de Iglesias o, aún más contradictorio, juzgando conforme a las creencias de cada una lo que es resultado no de creencia, sino de investigación científica.

Por lo demás el mismo Pliego inicia afirmando la “Defensa de nuestros más sagrados valores Nacionales y de nuestra Constitución Política”. Y “valores nacionales” no es sinónimo de “valores cristianos” sino que es una expresión que cobija a todas y a todos los costarricenses y no solo a los de determinada confesión religiosa. ¿Es, entonces, lo propuesto en este punto segundo verdaderamente democrático e incluyente?

4. También, a nivel popular, en las últimas décadas, se ha extendido la calificación de “cristianos” como “distintos de católicos”, y aplicada a ciertas Iglesias denominadas “evangélicas” (aunque no provienen de la Reforma del siglo XVI), sobre todo neopentecostales. Estas agrupaciones se inspiran, en general, en una lectura fundamentalista, literalista, selectiva de la Biblia, pero muy poco al día en los avances los estudios bíblicos y teológicos.

Con este mismo enfoque  fundamentalista han ingresado en los últimos años en el mundo de la política electoral tanto en Costa Rica como en otros países latinoamericanos como Brasil, —apoyando la candidatura de Bolsonaro— o Perú —partidarios de Fujimori en su primera administración— o en Argentina. En nuestro país, muchos de ellos participaron en las últimas elecciones presidenciales y para diputados, como sabemos, apoyando al Partido de Fabricio Alvarado.

Al menos al nivel presidencial, el electorado costarricense tomó una contundente decisión de rechazo a esa tendencia y, entre otras cosas, a su manera de entender los valores morales. Entonces será conveniente que el ESM se desmarque de esa interpretación partidaria de los “valores cristianos” para beneficio incluso de otras de sus luchas.

(* Sacerdote, docente, economista, Director del Centro Dominico de Investigación - CEDI)