Reproducimos parte de la entrevista que realizó el diario Página 12 en Buenos Aires, este miércoles, mientras trataban de frenar la caída de la Bolsa.

El ministro de Economía argentino, Amado Boudou dice con crudeza que la crisis internacional es grave, que la respuesta que están dando Estados Unidos y Europa agudiza los problemas y que no vislumbra una salida rápida.

El ministro de Economía recibió a Página/12 mientras la Bolsa porteña caía más de 9 por ciento y los indicadores financieros de todo el mundo mostraban un rojo invariable. Lo acompañaba el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino. Ambos juzgaron que el problema central es la explosión de burbujas financieras infladas durante más de una década. Y evaluaron que la Argentina muestra fortalezas significativas para responder al desafío, las cuales se potenciarán con el “blindaje” que está armando la Unasur para la región.

–¿Está crisis es más o menos grave que la de 2008?

–Es grave. Veremos cómo sigue. En nuestra visión y en la de algunos economistas como Kenneth Rogoff no es una crisis recesiva, sino una crisis de deuda. Tiene que ver con la explosión de burbujas que se han formado en los últimos quince años de predominio absoluto del modelo de valorización financiera. Europa y Estados Unidos están saliendo a tomar medidas a tontas y a locas, con una gran histeria, porque están sorprendidos con un esquema para el cual no estaban preparados. Había una creencia de que los problemas se iban a resolver con la lógica de los mercados, y está claro que no es así. El asunto es tan sencillo y tan complejo como que hay niveles de endeudamiento público y privado que no son sostenibles ni siquiera para quienes los propugnaron, los propios mercados.

–¿Las respuestas de Estados Unidos y Europa demoran la solución?

–Están agravando la crisis. Como no pueden romper la lógica del modelo de valorización financiera, los problemas se agudizan. Muchos actores de la política económica de esos países vienen del sistema financiero. Cuando se pone un énfasis religioso en el tema fiscal lo que consiguen es profundizar las dificultades. Acá la cuestión es generar capacidad de repago de la deuda y con el ajuste no lo van a conseguir, todo lo contrario.

–¿Es una situación similar a la de Argentina en 2001?

–Es la lógica Cavallo: hay un problema de pagos, se cortan programas sociales, se congelan sueldos, se enfría la economía, todo buscando dar señales a los mercados para que aporten más capital. Así terminamos en 2001. Una economía no puede funcionar sin trabajadores, sin un sistema que sostenga la demanda agregada, sin inversión. Están errando la lógica de cómo puede funcionar una economía.

–El modelo de valorización financiera está muy arraigado en las grandes potencias. ¿Cómo se sale?

–Un mensaje importante es que los países están tratando de actuar de manera coordinada. Eso es positivo. Pero lamentablemente no estamos previendo que las grandes potencias salgan rápidamente de esta situación. Actuar con la lógica de los mercados es darle de comer a la bestia, que se hace más fuerte y más furiosa y se lleva todo puesto. Acá hay que actuar con medidas innovadoras, creativas, como hizo la Argentina después de su gran crisis o como hizo Roosevelt en la Gran Depresión.

Lorenzino: –La reacción sigue siendo preservar al sistema financiero por sobre otras cuestiones, pero creo que paulatinamente se verá que eso no aporta soluciones y entonces los países tendrán que preocuparse por la economía real.

–¿Cómo impactará la crisis en la Argentina?

–Mientras Europa y Estados Unidos tienen un problema de deuda, la Argentina trabajó ocho años de manera muy concreta, muy consistente, en resolver de fondo esa cuestión. Se actuó básicamente en dos ejes. Por un lado, en la reestructuración de la deuda, con las quitas, el nuevo perfil de vencimientos y el desendeudamiento. Y por otro, en el crecimiento de la economía real. Ni el sector público ni el sector privado tienen niveles de deuda intolerables, y eso es lo que hace que nosotros sigamos construyendo certezas.

Lorenzino: –En 2001 sólo el tres por ciento de la deuda argentina estaba nominada en pesos, mientras que hoy es el 40 por ciento. Esa es otra muestra de robustez.

–En 2009 la economía argentina sufrió los efectos de la crisis internacional. Pasó de crecer 7,0 por ciento en 2008 a 0,9 por ciento ese año. ¿Existe el riesgo de repetir esa experiencia?

–No, porque salimos de ese año muy difícil y al siguiente tuvimos nuevamente un crecimiento record, y este año viene igual. Cuanto más fortalecemos el mercado interno, cuanto más fortalecemos la alianza comercial y financiera con nuestros vecinos de la región, más amortiguados son los efectos de los cimbronazos de las potencias internacionales. Además de lo que estamos haciendo internamente, es clave el trabajo que estamos encarando con la Unasur para blindar la región (ver aparte). Por otra parte, las condiciones estructurales cambiaron respecto de la época en que cualquier país se resfriaba y nosotros pagábamos las consecuencias.

–¿En qué sentido?

–En la cuestión del endeudamiento. Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner fueron a fondo en este tema. Rompieron con toda una forma de pensar la economía alrededor de la deuda. Esa lógica quedó expuesta por última vez cuando se debatió el pago de la deuda con reservas del Banco Central, en enero de 2010. Fue un ejemplo claro de dos visiones. Los economistas más encumbrados por los medios, incluidos Martín Redrado y Alfonso Prat Gay, y dirigentes como Gerardo Morales, Ernesto Sanz y Elisa Carrió decían: “Seamos un país normal, salgamos a tomar deuda”. Y nosotros decíamos: “Seamos un país serio, sigamos desendeudándonos”. La realidad nos está dando la razón. Nosotros detectábamos que el problema de la deuda estaba en el centro de las dificultades de la economía mundial. Acá lo que hay es un problema de un nivel de deuda intolerable para el funcionamiento de la economía.