Un establecimiento de envíos a EEUU, en Jilotepeque, Guatemala. FOTO: AP (OLIVER DE ROS)

Ciudad de Guatemala. Desde que Guatemala aceptó que tendrá que recibir y dar alojamiento y comida a miles de refugiados que esperan la resolución de su trámite en Estados Unidos, el acuerdo firmado entre los Gobiernos de Donald Trump y Jimmy Morales —del que se ignora prácticamente todo— ha monopolizado la recta final de la elección presidencial del domingo.

“No puedo revelarlo”, respondió la canciller guatemalteca Sandra Jovel cuando le preguntaron el martes por los detalles del acuerdo de "tercer país seguro" impuesto al país centroamericano por Donald Trump.

Según la encuesta publicada este jueves por el diario Prensa Libre un 82% de los guatemaltecos rechazan el tratado, aunque la mayoría dice desconocer su trascendencia real. El acuerdo sin embargo ha obligado a los candidatos a posicionarse y ha forzado la visita este jueves a Guatemala de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, una de las más fuertes opositoras Trump en las filas demócratas.

Entre los candidatos, la socialdemócrata Sandra Torres rechazó con contundencia una decisión “que impone decisiones económicas que no podemos asumir”. Más tibio, Alejandro Giammattei, el ex jefe de Prisiones que lidera los sondeos, señaló que el acuerdo “no es tan grave como se pensaba porque solo contemplaría darle protección a los hondureños y salvadoreños y no a ciudadanos de otros países”.

La decisión de Morales, tomada a espaldas del congreso y con el posible rechazo de la Corte Constitucional, ha enturbiado aún más la tensa contienda electoral y ha soliviantado a amplios sectores del país que ven en el acuerdo una actitud sumisa a las imposiciones de Washington, precisamente cuando las recientes redadas contra migrantes han dejado cientos de guatemaltecos detenidos en EE UU.

La realidad es que enjabonar las relaciones con Washington, como la de convertir a Guatemala en "tercer país seguro", concederle a Trump una solución a la crisis administrativa y humanitaria en su frontera sur, militarizar los límites con México para evitar el paso de migrantes o trasladar la Embajada en Israel, ha centrado la recta final de la gestión del Gobierno de Morales. Tras estas decisiones está el deseo de congraciarse con Trump y lograr su protección legal cuando deje el poder, a pesar de las acusaciones de corrupción que lo persiguen. Aunque como señala Martín Rodríguez, director de la revista Nómada, "Estados Unidos prefiere un presidente rehén que preso".

Pero al mismo tiempo que vive su proceso electoral, el país centroamericano se ha convertido en plataforma de disputa de otras elecciones, las de Estados Unidos.

Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, estuvo este jueves en Guatemala y la semana pasada lo hizo Kevin McAleenan, titular del Departamento de Seguridad Interna. La demócrata, que participó en 1996 en la firma de la paz y en la comisión de EE UU que investigó el asesinato de Monseñor Gerardi se reunió con jueces, organizaciones de la sociedad civil y miembros de la Cicig, la comisión contra la impunidad de Naciones Unidas que no podrá seguir su trabajo en el país por decisión de Morales. Y la conclusión de Pelosi fue que las conversaciones no fueron nada “alentadoras”.

En su visita al país de menos de diez horas, Pelosi despreció al actual mandatario y no mantuvo ningún contacto con Morales ni con ningún representante de su Gobierno, aunque sí lo hará este viernes con el presidente salvadoreño Nayib Bukele, en su visita a este país.

Durante la rueda de prensa que concedió antes de dejar Guatemala, Pelosi y la congresista nacida en Escuintla, Norma Torres, se repartieron las críticas a Trump y Morales. La primera destacó la lamentable situación que se vive en la frontera sur de EE UU y cargó contra las políticas republicanas que contravienen el espíritu del país norteamericano. Por su parte Torres, quien lloró durante su intervención, lamentó la salida de la Cicig del país e insistió en que “Guatemala no está preparada para ser tercer país seguro”.

“Hay que entender la visita en el marco electoral de Estados Unidos donde la migración centrará la discusión. Trump está forzando a los países de la región a que le den la solución y los demócratas necesitan hacer de contrapeso. Es una buena idea que Pelosi llegue al terreno para corroborar las condiciones dramáticas y la imposibilidad de que Guatemala sea tercer país seguro”, señaló a este diario el excanciller Edgar Gutiérrez.

Por su parte el desprecio de la presidenta de la Cámara de Representantes a Morales no pasó desapercibida para los expertos. “En el lenguaje diplomático la falta de contacto entre Pelosi y Morales tiene muchas lecturas y una de ellas es que no tiene sentido hablar con alguien que no escucha razones”, dijo el abogado constitucionalista Gabriel Orellana.