Hubo unas 150 personas venidas de Honduras, Guatemala, Nicaragua, Rep. Dominicana, incluso Brasil y, evidentemente, Costa Rica. Cooperativistas, trabajadores de organizaciones sociales, de empresas de economía social... Quienes pudieron venir en "buseta" (microbús) vinieron por carretera con uno o dos días de camino. Esfuerzos personales cargados de esperanza para debatir en común cómo luchar mejor contra la pobreza y el hambre instalados en territorios rurales, cómo incrementar la educación y la capacidad de emprender para hacer empresas que viertan riqueza en el territorio. Fueron debates profundos, como lo son cuando sus protagonistas están cargados de esperanza y urgencia para ayudar a sus con-vecinos.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) significaron un nuevo lenguaje internacional de solidaridad, de compromiso entre los países tendente a equilibrar el crecimiento y de corresponsabilidad Norte-Sur para reducir la pobreza, eliminar el hambre, incrementar la educación infantil, erradicar las enfermedades previsibles, equiparar los derechos de la mujer y crear plataformas de cooperación para el desarrollo; supusieron una convergencia firmada por 189 países apoyada en el esfuerzo de caminar hacia un mundo más equitativo, coordinados por la ONU. Abrieron ventanas a la esperanza pues sentaban en el mismo proyecto a países en desarrollo y desarrollados. Todo ello en el periodo de los años 2000-2015. Comenzaron el camino de forma satisfactoria, de manera que la ONU ya analizó en 2005 (y confirmó posteriormente) que se estaban consiguiendo, incluso antes de la fecha prevista. Para facilitar el avance se identificaron medidores y fechas en que deberían estar conseguidos, fueron ocho objetivos, 21 metas cuantificadas y 60 indicadores de progreso.

En los debates de este encuentro se constató la urgencia de la lucha contra la pobreza pues ésta era (y, desafortunadamente, es) una sombra que difumina y disuelve la vida de las personas, de las familias y, sobre todo, la potencialidad de la infancia y de la juventud. Surgieron datos importantes que empujaban a acciones urgentes contra la miseria, datos de existencia de pobreza y datos de lucha y reducción de condiciones indignas para las personas.

Se constató que la crisis surgida en el 2008 distorsionó el lenguaje "oficial" inicial cambiando los contenidos de solidaridad por los derivados de inquietudes neoliberales, más preocupados en el "sálvese quien pueda.... y si soy yo el primero mejor", olvidando a los demás. Distorsión sustancial del lenguaje inicial de lo ODM. Con la crisis iniciada en 2008 la miseria entró en los países que se consideraban desarrollados y sus gobernantes centraron sus debates en la autosalvación, rompiendo consensos (como la cumbre del G-20 en Pittsburg ) o declaraciones políticas (como la necesidad de refundar el capitalismo); desequilibrando mecanismos internacionales necesarios para la cooperación al ser afectados por la tendencia obsesiva de recortar y recortar (se abandonaron proyectos iniciados de cooperación, se disolvieron agentes cooperadores y desapareció la meta de llegar al 0,7 del PIB en los fondos de cooperación). La base del discurso internacional que apoyó la construcción de los ODM se desvió y apareció un doble lenguaje: el de lo virtual o lo que debería ser (sigue en el empeño la ONU) y el de lo real (el que se usa en las Cumbres del G-20, G-8, de la UE...etc) que se reduce a la obsesión "austericida", siendo este nivel el que se convierte en realidad y conforma decisiones concretas mientras el otro camina por los caminos del buen deseo.

En esta situación aparece la economía social como actor incuestionable del territorio, que transforma situaciones, genera riqueza local y aporta servicios esenciales que, de otra forma, la población nunca tendría: cooperativas eléctricas que alumbran a los pueblos de un valle entero compartiendo la riqueza generada, cooperativas cafetaleras que aportan riqueza local, cooperativas de textil, de alimentación, de servicios... que están ahí, en el territorio, que no se van, que no abandonan sus principios ni el objeto por el que nacieron. Actores de desarrollo local que trabajan contra el hambre y son los únicos que aportan riqueza a poblaciones desatendidas por las empresas tradicionales. Actores que trabajan, tengan o no ayudas para ello (financieras, técnicas, formativas...), que garantizan a núcleos enteros poblacionales que seguirán acompañados por esta capacidad emprendedora y creadora de riqueza colectiva. En esto todos los asistentes coincidían valorando la presencia de la economía social como actor imprescindible de desarrollo local.

No obstante se planteó qué iba a pasar después del 2015, fecha en que se debe iniciar un nuevo proceso de trabajo que marque nuevos objetivos de desarrollo. Con fuerza se planteó que la economía social, sus estructuras representativas, deben estar en las mesas donde se planifiquen estos nuevos objetivos. Por diversas razones: porque conocen las necesidades del territorio y en él se comprometen, porque crean riqueza colectiva que se queda en el ámbito local, porque actuará en todo caso (existan o no políticas públicas de cooperación), porque están empeñados en la solución de los problemas locales y ese empeño no desistirá... en fin, porque pueden aportar mucha realidad a los objetivos que se diseñen para conseguir un desarrollo armónico. Para ello potenciaron (y en estas jornadas se reforzó) una plataforma representativa de la economía social en la Región Centroamericana, AQ'AB'AL (ACABAL) con el objetivo de unificar esfuerzos, planteamientos y transferir experiencias positivas que ayuden a luchar contra la pobreza. Felicitaciones, seguro que lo conseguirán! Afortunadamente la economía social está ahí, muchas veces invisible, pero está y trabaja por el bien común.