Imagen: Foto Ilustrativa tomada de Google. 

Se sentaron en unas mecedoras en el corredor de la casa de Flor y en ese momento las niñas llegaron. Las abuelas las recibieron con mucha alegría y también sus mascotas. Cuando iban entrando a la casa, oyeron una gran explosión y chispazos, como que algo se estaba quemando. Sorprendidas y asustadas, las cuatro mujeres vieron que un transformador de la energía eléctrica echaba humo y de inmediato se fue la luz en todo el barrio.

- ¡Ay que susto! Sonó parecido a cuando quemábamos el mesón en la escuela, dijo Flor algo nerviosa.

- ¡Claro que lo recuerdo! ¡Nunca olvidaremos el mejor acto cívico de la escuela, el del 11 de abril!, agregó Anita con nostalgia.

- ¿Aún recuerdan esa actividad?, preguntó asombrada Valentina.

Flor entendió el doble sentido de la pregunta de su nieta y le aclaró sonriendo:

- ¡Sí mi chiquita, estamos viejitas, pero nos acordamos de todo!

Las niñas se sentaron en el piso del corredor, junto a sus mascotas y pidieron a las abuelitas que les contaran cómo celebraban el 11 de abril en su escuela. Cruzaron sus piernas y se sostuvieron el rostro con ambas manos en señal de que estaban listas para escucharlas.

Entonces Flor se acomodó en su mecedora y les dijo que entre ambas abuelas les contarían esa inolvidable asamblea escolar.

Como si iniciara un cuento Flor dijo: - “Allá por los años de 1955, en la escuela Juan Monge Guillén, donde estudiamos, la conmemoración de la batalla del 11 de abril era un acontecimiento muy importante para el pueblo. Nosotras salimos en el acto cívico ese año y le ayudamos a la compañera Doris, a preparar el discurso sobre la batalla del 11 de abril de 1856, en Rivas, Nicaragua, con los datos que encontramos en la biblioteca.

- ¿Y por qué no consultaron en el celular?, preguntó Sofía.

- ¡Ay mi amor, porque en esa época solo existían los libros y la radio! No había tabletas, celulares, video juegos, Internet, ni nada de la tecnología que usan ustedes ahora, respondió Anita resignada.

Las niñas se miraron incrédulas.

- ¿Saben qué fue la Campaña Nacional?, preguntó Flor.

Valentina movió la cabeza afirmativamente y explicó que hacía muchos años, Costa Rica fue a pelear contra unos hombres mal intencionados llamados filibusteros y que Costa Rica ganó en esa guerra que se llama La Campaña Nacional.

- ¿Pero esta guerra fue en Costa Rica o en Nicaragua?, preguntó Sofía.

- Hubo algunas batallas en Costa Rica y otras en Nicaragua, porque los invasores habían llegado primero a Nicaragua y después quisieron apoderarse de Costa Rica, explicó Anita.

- En Rivas sucedió la quema del mesón-, lo leí en el cuento: “Juancito, el héroe del pueblo”, se adelantó Valentina.

- !Felicitaciones Valentina, le has puesto mucha atención a la maestra!, agregó Anita.

Flor siguió comentando que desde que entraron las clases en marzo, ensayaron los himnos, poesías y bailes típicos para el acto cívico y la víspera de este, construyeron un rancho con palos, cartón y viejas latas de cinc en el patio de la escuela. Este sería el mesón, el escenario de la actuación más esperada por los asistentes a la asamblea.

Anita explicó que ese día la escuela se llenaba de invitados especiales y hasta el viejo gato Faruscas, responsable de mantener la escuela libre de ratones, se acomodó en primera fila, junto a Coqueta, la perrita del policía, porque ¡todo el pueblo estaba ahí!

Las nietas seguían atentas la narración de las abuelas porque les intrigaba saber cómo hicieron las abuelas la quema del mesón.

Flor comentó que sus maestras les ayudaron a vestirse y las pintaron acorde al papel que desempeñaron en ese acto cívico. Anita fue una enfermera, Flor una mujer soldado llamada Francisca Carrasco, un compañero llamado Mario, muy simpático, hizo el papel del presidente don Juanito Mora y otro morenito y con pelo acolochado el de Juan Santamaría. Los soldados iban con bigotes, barbas y patillas pintados con carbón y se vistieron con pantalones, camisas y sombreros blancos de manta y alpargatas. Todos llevábamos rifles de “mentirillas” y representamos a los dos ejércitos: el de los filibusteros y el costarricense.

- ¿Qué son alpargatas?, preguntó Sofía

- Alpargatas son un tipo de sandalias de cuero que usaban antes los campesinos, contestó Anita.

Las nietas se carcajeaban al imaginarse a sus abuelas vestidas con esos trajes. Anita contó que el discurso de Doris estuvo muy aplaudido y los bailes típicos, los himnos y las poesías gustaron mucho a los asistentes.

Flor retomó la palabra y les dijo que después de estas actividades pasaron al patio central de la escuela donde habían construido el mesón. Les narró emocionada que los soldados costarricenses se ubicaron en posiciones estratégicas en el patio y los filibusteros dentro del mesón. El público les rodeaba a prudente distancia.

En ese momento, el general José María Cañas preguntó a los soldados costarricenses:

- ¿Quién se ofrece a quemar el mesón?

- ¡Yo me ofrezco, pero si muero, cuiden a mi madre!, contestó emocionado Juan Santamaría.

- ¡Qué Dios te acompañe y puedas cumplir tu peligrosa misión!, dijo con vos de aliento Pancha Carrasco.

Anita agregó, muy conmocionada, que todos los soldados despidieron, con un fuerte abrazo, a Juan, quien tomó la antorcha encendida y comenzó a caminar, pero por el efecto de las balas enemigas en su cuerpo, se tambaleaba, caía, se erguía, tropezaba, hacía gestos de dolor y, sin soltar la antorcha, continuó su caminó hasta que le prendió fuego a una esquina del rancho. Exhausto, cayó herido y murió.

Las niñas se sorprendieron al escuchar esta narración, porque sintieron de cerca el horror de las guerras. Estaban tan inmersas en la dramatización que las lágrimas afloraban en sus inocentes ojos.

Flor tomó aire y continuó:

- De pronto, un gran silencio se adueñó del patio y luego se armó un gran escándalo, ocasionado por una reventazón de pólvora: triquitraques, cachiflines y bombetas, que simulaban el sonido de los fusiles y los cañones. Los filibusteros salieron del mesón gritando y despavoridos, huyendo del fuego, entre gritos y una humarasca que empañaba la escena; los soldados ticos los perseguíamos. Recuerdo que en la huida yo me enredé con Faruskas y con Coqueta, que estaban atarantados y corrían de un lado para otro, horrorizados con la reventazón de pólvora. No sabían en dónde esconderse y todos, en pelota, nos fuimos derechitos al suelo.

- ¡Yo levanté a los soldados ticos y a los filibusteros! ¡Olvidé en ese momento que éramos enemigos y nos abrazamos sonrientes! El público que nos observaba, nos aplaudió emocionado, agregó Flor.

Las cuatro mujeres estaban melancólicas porque es doloroso saber que en las guerras mueren muchas personas, pero también sonreían al recordar la graciosa escena de la caída en medio de tanto escándalo.

Valentina y Sofía disfrutaron del relato porque se imaginaron todo tal y como lo contaron las abuelas.

- ¡Qué soldado más valiente fue Juan!, agregó Sofía con su respiración agitada.

- !Y qué buena memoria!, exclamó admirada Valentina.

- ¡Cómo me hubiera gustado conocer a don Juanito Mora!, dijo Valentina con nostalgia.

- ¡Pobrecitos Faruskas y Coqueta que salieron corriendo horrorizados de la quema del mesón!, comentó Sofía con mucha tristeza.

Anita le recordó a Flor que, en la despedida de este acto Deisita, la que hacía todo en la escuela, repartió una deliciosa sopa achotada de carne molida, macarrones y verduras, incluía un fresco de sirope con chan que se les repartió a todos los asistentes a la Asamblea.

- Mmmmm ¡Qué rico y qué dichosas! A nosotras nunca nos dan nada, comentó resignada Valentina.

Anita agregó que años después, cuando ingresaron al colegio, los profesores de Estudios Sociales les dijeron que la guerra había continuado con la toma de los vapores y los fuertes en el río San Juan; que hubo otras batallas y que, por fin, el 1° de mayo de 1857 William Walker, el jefe de los filibusteros, se rindió y abandonó Nicaragua.

Flor comentó que don Juanito decretó que los 1° de mayo serían feriados y que ese día se celebraría en toda la República, con la mayor solemnidad posible, porque con la victoria obtenida en la guerra contra los filibusteros, Costa Rica ratificó su independencia, la integridad de su territorio, su libertad y devolvió la paz a las familias costarricenses.

Valentina y Sofía aplaudieron a sus abuelas lo bien que les habían contado la quema del mesón.

- Voy a decirle a la maestra que el próximo 1° de mayo hagamos un buen acto cívico en la escuela para celebrar la rendición de los filibusteros-, sentenció Valentina.

- ¡Y que al acto cívico asistan todos los abuelitos!, agregó Sofía llena de ternura. Sonrieron y se abrazaron muy contentas.

- ¡Ya tenemos corriente eléctrica de nuevo!, exclamó Anita muy alegre.

- Y, abuelita, ¿por eso es que a nuestro gato lo llamaste Faruskas?, preguntó Valentina sorprendida.

- ¿Y mi perrita Coqueta?, cuestionó Sofía, mucho más sorprendida que Valentina.

- ¡Es una casualidad!, contestaron sonrientes las dos abuelas.

¡Vamos a prepararnos un cafecito!, suspiró Flor.

- ¿Y nos pueden contar más historias de cuando estaban en la escuela?, preguntó Valentina.

- ¡Claro que sí, mis amores! Con paciencia, ternura y mucho amor a Costa Rica les contaremos tooooodos los cuentos de la Guerra Patria Centroamericana, contestó Flor ilusionada y con una gran sonrisa en sus labios.

 

Actividades didácticas

 

Pregunta a las personas adultas mayores de tu familia cómo celebraban las efemérides patrias cuando estaban en la escuela.

Elabora un resumen escrito de las vivencias que te contaron esas personas y compártelas con tu familia o con tu grupo.

Elabora un afiche, un collage, una pintura que exprese el acto heroico de Juan Santamaría en la quema del mesón.

Prepara una dramatización de este cuento con los miembros de tu familia o del grupo.

Redacta una canción, poesía o pensamiento que exprese tu cariño por Costa Rica y su gente y lo compartes con tus abuelos, tus familiares o con el grupo.

Debate con tu familia o en tu grupo si consideras importante celebrar el 1 de mayo, como el día en que debe conmemorarse la rendición de los filibusteros, además de ser el día del Trabajador.

Investiga cuáles actividades cívicas se realizan en la actualidad, en las escuelas y en los colegios y colabora con los docentes que las organizan.

Se te invita a leer la serie de cuentos titulada: “Nicolás y Peluquina en la batalla de la Trinidad y otros cuentos”, relacionados con lo acontecido durante la Campaña Nacional 1856-1857, en Centroamérica. Lo puedes accesar en el Facebook de la Academia Morista Costarricense y en este enlace: https://www.informa-tico.com/16-06-2020/cuarto-cuento-nicolas-peluquina-espias-trinidad.

Si tienes dudas o deseas buscar más información sobre La Campaña Nacional 1856-57, busca en Internet o contacta a la Academia Morista Costarricense.

(* Escritora, miembro de la Academia Morista de Costa Rica)

Libro Cuentos y relatos sobre la Campaña Nacional de 1856.