¿Se podría decir lo mismo de otros profesionales? Difícil. Sus desaciertos quedarán para un pequeño círculo de amigos y parientes o para los expertos. Y está bien que sea diferente con los periodistas. Cumplen una función social y es la sociedad la que se encarga de juzgarlos diariamente. Pero también se debe tomar en cuenta que toda la obra humana está sujeta a errores, por más que quisiéramos que no fuera así.

Esto, de ninguna manera, justifica la mala praxis, el deseo de protagonismo, la falta de rigurosidad, el irrespeto a las fuentes, la mala intención o la parcialidad, en que puede caer –y cae con mucha frecuencia- el periodista. Pero el periodista tiene la particularidad, sobre todo el que trabaja en los medios diarios, que labora bajo la presión del tiempo, la hora de cierre, sujeto tal vez a una fuente clave que le puede fallar a último momento y caerse el trabajo que tenía planeado.

Por estar bajo la mirada de los demás, estar en el centro del quehacer político y tratar sensibles temas sociales o económicos, la labor del periodista siempre resultará controversial. Aplaudida por unos y repudiada por otros, según las circunstancias. Con mucha frecuencia, el resultado de su trabajo puede ortigar o incomodar al poder. La labor periodística, por lo general, es crítica. Lo peor que puede suceder es un periodismo miedoso, pusilánime, insulso o acomodado con quienes tienen el poder.

El periodismo también es considerado un género literario, de no ficción. Grandes figuras de las letras se han destacado en algunos géneros informativos, como el reportaje o el llamado periodismo narrativo, que se alimenta de muchos recursos literarios. Grandes figuras de las letras se han destacado en estos géneros que, a diferencia de la ficción, tienen como respaldo la veracidad. Su historia está fundamentada en hechos, cifras, o declaraciones sujetas a la corroboración. Muy diferente es la ficción, producto de la imaginación del escritor, que no está sujeta a la prueba de la verdad. Es un terreno de libertad narrativa.

Como dice Roberto Herrscher: “En la novela todo es posible, pero el periodismo debe tener un cartel ético en el frontispicio de cada página que diga: ‘Nada de esto fue inventado.’ Todo lo que se cuenta aquí sucedió de verdad y tal como lo cuento” (Periodismo narrativo, p. 389)).

García Márquez, uno de los más renombrados periodistas del siglo pasado, escribió obras célebres que se manejan en ese límite del periodismo narrativo y la ficción, como Relato de un náufrago (1970), que primero fue escrito en forma de artículos en diario El Espectador. José Marín Cañas publicó durante semanas supuestos reportajes sobre la guerra del Chaco (1932-1935), entre Bolivia y Paraguay, en el vespertino La Hora que él dirigiría. Cotidianamente, los lectores lo recibían con ansiedad para “informarse” de lo que sucedía en un conflicto tan distante, como es el Cono Sur. Luego los reunió y publicó, con su nombre con el título de El infierno verde, una de las novelas mejor logradas del siglo pasado en Costa Rica.

Uno de los más destacados periodistas del siglo pasado, el polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007), fue testigo privilegiado de los principales acontecimientos de su tiempo y dejó como herencia una vasta obra, reconocida mundialmente. Viajes con Heródoto, Ébano, El Emperador, El Imperio, El Sha y La guerra del fútbol, son algunas de los libros producto de su amplio recorrido por el mundo como corresponsal de una agencia de noticias. Leerlo y releerlo es una forma de informarse de los principales conflictos que sacudieron el siglo pasado.

Igual se podría decir del aclamado escritor Ernest Hemingway (1899-1961), cuyos inicios en las letras estuvieron en el quehacer periodístico, como corresponsal de diarios estadounidense en la Primera Guerra Mundial. Este premio nobel de literatura 1954, insistía en la relación del periodismo y la literatura, pero alertaba al periodista que aspiraba a escribir ficción a saber cuándo debía dejar su trabajo como informador para ingresar a la narrativa propiamente.

Truman Capote dice haber inventado la novela de “no ficción” con A sangre fría, que bien puede ser un amplio reportaje sobre un crimen múltiple y todo el proceso que llevó a la horca a los asesinos, pero el mundo la ha leído como una apasionante novela. Muchas veces, aunque no necesariamente, el periodismo es un buen comienzo, como ejercicio, para luego incursionar en la ficción.

En su colección de cuentos, Flores oscuras, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez incluye relatos que se mueven entre la ficción y el periodismo narrativo o crónica periodística, aunque es presentado como un libro de cuentos. Como el mismo lo ha reconocido, para muchos de estos relatos se alimentó de la crónica roja, atento lector de periódicos como es. No me vayan a haber dejado solo, Las alas de la gloria, Abbott y Costello, son una muestra de ella.

Ahora es galardonada con el premio Nobel de literatura otra periodista, la bielorrusa Svetlana Alexiévich. Se dice que es la primera o primer periodista en ejercicio activo que recibe el máximo reconocimiento de las letras. La Academia sueca la premió por su “escritura polifónica, un monumento al sufrimiento y al valor”. Algunas de sus obras son Voces de Chernóbil y La guerra no tiene rostro femenino. Sin duda es un respaldo y un reconocimiento al quehacer periodístico.

Con Alexiévich son catorce las mujeres galardonadas con el premio nobel de Literatura, desde 1901, cuando se entregó por primera vez. Con la excepción de la chilena Gabriela Mistral (su verdadero nombre: Lucila Godoy Alcayaga, 1889-1957), todas las galardonadas han sido de origen nórdico o anglosajón. La primera mujer en recibirlo fue precisamente una sueca, Salma Lagertöf (1909).

Como periodista que me considero, solo queda alegrarme por este reconocimiento a Svetlana Alexiévich y esperar que lleguen pronto sus obras a Costa Rica.