Un amigo entrañable de la naturaleza. Un defensor inclaudicable de los bosques. Con visión esclarecedora e ingenio, en la década de los setentas, Mario se une a otro gran visionario, Álvaro Ugalde Víquez (fallecido en febrero de 2015), en la tarea ingente de cristalizar una idea, un sueño: convencer y ganar voluntades políticas para la creación de parques nacionales de Costa Rica. Quizá, en aquella época, esta tarea podría parecer como clamar en el desierto. Sin embargo, ambos lograron ver y construir los oasis y fueron escuchados. Hoy día, aquella idea alcanza 27 parques nacionales que son administrados por el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae). Junto con otras estrategias de conservación, los parques suman unos 13.000 kilómetros cuadrados, para un 25% del territorio nacional.

El Sistema Nacional de Áreas de Conservación constituye la punta de lanza de la imagen verde de una Costa Rica centrada en la biodiversidad, una estrategia de conservación que diariamente le abona un especial prestigio. Por eso, el pueblo agradecido denomina a Álvaro Ugalde Víquez y a Mario Boza Loría como los padres de los parques nacionales porque nunca dejaron de emprender y motivar para que el país le diera una oportunidad a la Madre Tierra.

Mario dedicó completamente su vida a la lucha por la naturaleza, a la biodiversidad. En sus funciones académicas se destacó como docente e investigador universitario y autor de una importante cantidad de artículos en revistas de alto impacto. La Editorial Tecnológica, del Instituto Tecnológico de Costa Rica, publicó en el 2017 su obra más destacada: Historia de la conservación de la naturaleza en Costa Rica 1754-2012.

Con Jean Paul Sartre, Albert Camus y el mismo Víctor Frankl, se puede afirmar que Mario logró construir y dar un sentido a su vida. No fue fácil, pero Mario tenía el carácter necesario, la perseverancia y disposición para no flaquear, decaer ni desfallecer en alcanzar sus prospectivas ecológicas y contribuir al despertar de la conciencia ambiental de la sociedad. Trabajó algunos años en la Universidad Nacional, donde participó en la creación de la Escuela de Ciencias Ambientales (Edeca) y apoyó firmemente la creación del Instituto Internacional en Conservación y Manejo de Vida Silvestre (Icomvis). En sus últimos años se mantuvo muy activo en diferentes actividades académicas del Icomvis.

Los robles son árboles muy especiales. Fuertes, de elegante porte y proveedor de alimento para la amplia biodiversidad que mora en sus ramas y follajes. Llama la atención su madera resistente e incorruptible. Así fue Mario en su vida. Hombre digno, de fuerza física y moral, y de voluntad forjada en sus luchas. Ante las tormentas y los vientos impetuosos, enérgicos y veloces, el árbol de roble se puede inclinar sobre sus ramas hasta tocar suavemente el suelo, pero nunca se quiebran, nunca caen. Mario nos recuerda al roble, y a las grandes personas que transforman el mundo y le aportan esperanzas para un futuro promisorio.

* Daniel Rueda es miembro de la organización Madre Tierra